Socorrismo en Montaña
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  Primeros Auxilios
  Cerro Otto - S.C. de Bariloche

Para quienes vivimos la montaña, muchas veces nos pasa que en ciertos momentos, nos invade la duda sobre que haríamos en una situación extrema a “campo abierto”; que nos puede involucrar tanto en forma personal como con un grupo.

Fue en esta dirección que decidí averiguar que formación existe al respecto. Uno de mis contactos fue con el Club Andino Bariloche (CAB) y fueron ellos quienes me contactaron con la gente de “Active Patagonia”. El director general, Diego Canestracci me comentó que el día 26 de Octubre comenzaría un curso de Primeros Auxilios en el Medio Agreste, avalado por el CAB. El curso está a cargo de Ramón Chiocconi (guía de montaña, médico clínico, docente de la cátedra de Primeros Auxilios de la carrera de Educación Física de la Universidad del Comahue), quién, junto con otros colaboradores, desarrollan los contenidos en el transcurso de 40 horas, distribuidas a lo largo de seis días. Quienes ya tuvimos incursiones de este tipo en medios urbanos, sabemos la importancia que reside en esta clase de conocimientos, ya que cada uno de nosotros, estamos expuestos cotidianamente a situaciones de riesgo y reaccionar acertadamente puede llegar a salvar vidas. En el medio agreste la complejidad, los elementos con los que contamos y el entorno son otros; aquí anida el contraste con respecto al auxilio urbano.

El curso esta dividido en una parte teórica y otra práctica. En la primera parte se hizo un repaso teórico-práctico en las instalaciones del CAB. Retomé contacto con información referida al ABC, PAS, cinemática, lesiones, comunicación, evaluación de víctimas, hemorragias, shock, traumatismos, hipotermia, congelamiento, deshidratación, problemas oftalmológicos, exposición al calor, alergias. Todos estos puntos volcados hacia la montaña, con muchos contenidos que desconocía.En la segunda parte del curso se realizaron prácticas reales en el medio agreste. El escenario elegido fue el Cerro Otto, utilizando las instalaciones del Refugio Berghoff como base de operaciones. Las prácticas constaban en simulacros reales, donde los alumnos se veían implicados cumpliendo los roles de rescatistas y de víctimas. Estuvo muy bueno porque los profes trataban de darle el mayor dramatismo posible. Los alumnos estaban muy involucrados en el papel. Muchas veces se sintieron los nervios que podrían existir en una situación real, lo cual lo hacia más serio.

Ahí va un ejemplo de lo anteriormente mencionado. Imagínense ...
Están todos comiendo en el refugio y de repente se oye un handy solicitando ayuda a una supuesta comisión de auxilio. Acá comienzan a tensarse tus músculos y un aire fresco recorre tu nuca. Surgen las primeras dudas, ¿quién contesta ese llamado?. Un compañero decide agarrar el handy y trata de recolectar la mayor información posible.

La situación se vuelve tirante, ¡todo el mundo quiere salir a buscarlo ya!, pero primero hay que constatar bien el equipo que se lleva (radios, férulas, cuellos ortopédicos, botiquín, camillas, etc.), pertinente a la información recaudada. Uno se queda en el refugio supervisando las necesidades del equipo y derivando a quien sea preciso. El resto sale en dirección al lugar del accidente acompañados por una aceleración del corazón, conforme a que no saben con qué se van a encontrar.
Llegan al lugar del hecho. Uno lo que suele hacer es lo que se llama “visión túnel”, significa que solamente observa las características del accidentado y se olvida de todo lo demás (peligros potenciales, propios del escenario con el que nos encontramos). Observan el escenario, descartan posibilidades de riesgo en las cuales se vean implicados, y se calzan los guantes de látex (es “tan” o más importante la protección propia como la de la víctima). La víctima es un ciclista que se encuentra entre unas ramas, fuera de la senda. Quién toma su cuello y cabeza constata que está inconsciente, esa misma persona comienza a dirigir las intervenciones. Pide por un cuello ortopédico, se lo colocan y designa a un compañero para que se encargue del uso de la radio y le pide que: se comunique con el refugio, pida una ambulancia y que en cinco minutos se vuelve a comunicar.

Uno observa que las vías respiratorias estén permeables (abiertas) y la ventilación del sujeto. Otro se encarga del pulso (en forma periódica) y a vos te tocó realizar el examen secundario (palpar todo el cuerpo en busca de deformaciones u heridas). Ahí, el profesor te dice los posibles traumatismos, cortes, etc, que tiene la víctima al igual que las variaciones en los signos vitales. Esa información se comunica por radio, a una distancia prudencial del accidentado. Esto es muy importante, porque está comprobado que una persona puede escuchar por másque esté inconsciente; es común que el herido al escuchar su situación real empeore la misma. Con esto no estoy diciendo que hay que mentirle al herido conciente sobre su estado, pero sí omitir cierta información que le puede resultar chocante. Otro punto importante es el establecer tiempos de comunicación. El sujeto tiene una deformación en su brazo derecho, entonces le pedís ayuda a tus compañeros para inmovilizar el miembro. Paso siguiente, es pasarlo a la camilla. Esta acción requiere mucha coordinación por parte de los rescatistas, ya que un movimiento en falso podría aumentar la gravedad de una lesión.

Lo fijan a la camilla y lo trasladan hasta el refugio, donde ya está esperando la ambulancia. El médico te hace un par de consultas, le entregas la ficha de rescate y el vehículo se retira a toda velocidad. El ambiente agreste tiene sus riesgos, relacionados en su mayoría con factores potencialmente agresivos y peligrosos. Los más frecuentes son:

• El aire, posiblemente inadecuado en altura, carpas / refugios, cuevas, avalanchas, tormentas de viento o incendios.
• El clima, según la región y hora (radiación solar, viento, calor, frío, precipitaciones).
• El agua, cuando no es potable.
• El terreno, según la pendiente y los obstáculos.
• De carácter biológico, como ser insectos, plantas.
• Humanos, objetivos y subjetivos.

Los accidentes se producen y son inevitables, como cualquier actividad humana. Debido al terreno donde se desarrolla el montañismo, estos accidentes pueden adquirir proporciones especialmente dramáticas, con una gran repercusión en los medios de difusión. El riesgo es una parte importante de la vida. Probar los límites incentiva el crecimiento.

“Los desafíos han llevado al hombre a descubrir y usar el fuego, a atravesar mares y desiertos, a escalar las montañas más altas e incluso pisar la luna. Vivir una vida sin riesgos tal vez no valga la pena, pero aquellos que se arriesgan y esperan sobrevivir deben planificar y prepararse lo mejor posible para enfrentar los desafíos propuestos”.

La mejor prevención es capacitarse, es nuestra responsabilidad. Les aseguro que el estar formado para resolver situaciones de riesgo, ayuda a transmitir una seguridad y tranquilidad a quienes lo acompañan en esos momentos, que el clima cambia inmediatamente. Algo importante, uno siempre va encontrar fallas en las acciones que fueron desarrolladas durante una intervención. A no romperse la cabeza con esto, solamente se mejorará con práctica en forma periódica y sumando experiencia.